La Argentina es, como se sabe, país anfitrión de la "cumbre" de presidentes
americanos que se celebra en estos momentos en Mar del Plata Es decir que se
trata de una decisión política del gobierno nacional con respecto a su
realización en nuestro país. Es por eso que lo primero que resulta
francamente estúpido es que sectores que adhieren manifiesta y públicamente
a este gobierno, celebren la llamada "contracumbre" oponiéndose
especialmente a la visita al país del presidente de los EEUU, ello sin
contar el hecho de la denominación de "cumbre de los pueblos" para indicar
que en tal "contracumbre" representa un sentir popular que bien podrá ser
cierto respecto de Bush, pero es absolutamente ajeno a los minúsculos
partidos políticos que representan localmente a los dirigentes que una y
otra vez aparecen en la televisión como dignatarios.
Todos ellos juntos, su interminable gama de partidos políticos y todas las
asociaciones disfrazadas de defensoras de derechos de las gentes,
no sumaron más de 200.000 votos
Otro aspecto que llama incluso a recordar al gran Discepolín es la presencia
de Diego Maradona, que arrastra multitudes para conseguir tocar al ídolo o
lograr un autógrafo en el medio de la parafernalia de consignas vacuas del
tipo "fuera Bush". Y por supuesto no podemos dejar de observar con ese dejo
de desazón que provoca la barbarie, cómo el ex golpista venezolano,
verdadero paladín de la baratura, se yergue como representante nada menos
que de otro grande de la historia americana: Simón Bolívar.
En el medio, el dictador más antiguo del mundo, hace jueguitos conuna pelota
en un programa de televisión cholulo y "capitalista" como ninguno, junto al
astro del fútbol mencionado.
Y para completar el cuadro, el sindicalismo fascista local encuentra una
nueva excusa para no trabajar y dejar a Buenos Aires sin subtes y al país
sin clases: la presencia del presidente yanqui.
Todo junto, biblia y calefón, farándula y politiquería, anfitrionismo y
gritos destemplados. Consignas atentatorias de la más elemental
inteligencia. Todo junto se suma al sentimiento xenófobo, sectario y
clasista de grupos "indigenistas" y similares que ven con un odio mezcla de
resentimiento e impotencia, todo lo que sea "rubio".
El país se sume en el atraso de millones de chicos sin clases, actividades
detenidas por huelgas o por "asuetos", desgañites y destemples de absurdos
personajes de historieta.
Mientras tanto, y para seguir la lista, los "artistas" se encargan de
decirnos dónde está la verdad, y hasta la cantan. Ha de ser por eso que en
los países donde reina "la verdad" no puede volar una sola mosca opositora,
como todo el mundo sabe. Incluso ellos mismos.
Viene a nuestra mente una entrevista que hace algunos años le realizara el
periodista peruano Jaime Bailey al cantante Silvio Rodríguez para la
televisión de Miami. En un momento dado, Bailey le preguntó a Rodríguez si
tal entrevista podría ser vista en Cuba. La cara demudada del cantante y su
callada fueron la respuesta.
Bien. Tenemos entonces que nuestro país invita y acepta en su seno a la
comunidad de presidentes americanos. Incluso acepta que no sea invitado el
dictador cubano. Desea, consigue y acepta una reunión "a solas" entre
Kirchner y Bush. Invierte una millonada para poner a Mar del Plata "a tono".
Desarrolla un gasto impresionante en mecanismos de seguridad. Y todo esto lo
hace para que al mismo tiempo consabidos "sostenidos" por el poder político,
como D Elía, Bonasso y similares, lleven adelante el estandarte de la
boludez..
Por supuesto que no se trata acá de que la gente no se manifieste como se le
cante, tal como no puede hacerlo en las dictaduras que estos dirigentes
admiran. De ninguna manera. Acá los intolerantes está bien claro quiénes
son. De lo que se trata es de ser mínimamente coherentes, y si no lo son,
decírselo, como modestamente tratamos de hacerlo desde aquí.
Mientras la potencia del norte crece y avanza absoutamente indiferente a
tanta estupidez, nuestro pobre y atrasado país iniverte su tiempo y sus
energías en empobrecerse y atrasarse más todavía. Qué otra cosa puede
esperarse de todo esto.
Mientras más allá del río Grande se yergue el "imperio" más grande del
planeta, acá, en este sur que existe, se yergue el imperio de la boludez.
Héctor Trillo